BUENOS AIRES.- Devaluar. Ese es el verbo más usado por los que conducen la economía de 20 países emergentes e industrializados, agrupados en el G20. Es que del valor de las monedas depende nada menos que la competitividad de muchas naciones, algunas de las cuales no logran salir de pozo en el que cayeron como consecuencia de la crisis financiera.
En ese contexto, ayer se reunieron en Gyeongju, Corea del Sur, los ministros de economía y los gobernadores de los bancos centrales del G20. ¿El objetivo? Definir una estrategia cambiaria para acabar con la que se dio en llamar guerra de las monedas, debido, sobre todo, a la caída del dólar y a la apreciación del yuan.
En ese contexto, el ministro de Economía Amado Boudou -participa de la cumbre- afirmó que la Argentina se puede mantener alejada de esta guerra, aunque, en realidad, dependerá de qué haga Brasil con el real, ya que, si devalúa, quedará afectada la política local. Las actividades de Boudou y sus pares comenzaron con una recepción por parte del presidente surcoreano, Lee Myung-bak, tras lo cual se realizó la foto de la reunión. Luego, los temas que dominaron el encuentro fueron, además de la guerra de monedas, la regulación del sistema financiero y la salida de la crisis mundial.
La actividad finalizó en una cena entre todos los miembros de las comitivas de los 20 países, y continuará hoy con un nuevo plenario de ministros.
Propuesta estadounidense
A través de una carta, Estados Unidos propuso a los países con excedente comercial que reformen su política cambiaria para fortalecer el crecimiento mundial. En la carta, firmada por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, aboga que se facilite un reequilibrio ordenado de la demanda internacional y que los países desistan de las políticas cambiarias para obtener competitividad.
"Este tipo de intervencionismo hace que economías dependientes de las exportaciones atraigan los flujos de capital internacional a través de una moneda más débil y ha provocado gran volatilidad en plena recuperación económica", agregó. Estados Unidos señaló que los países con superávit consolidado tienen que dejar de debilitar sus monedas y potenciar la demanda interna.
Estados Unidos también sugirió que se establezca un limite de un 4% del Producto Bruto Interno (PBI) a las balanzas por cuenta corriente, tanto a aquellas en positivo como en déficit.
En este último punto los estadounidenses se han encontrado con la oposición de China, India y otros países emergentes, e incluso de socios industrializados como Alemania y Japón, con economías netamente exportadoras. En particular, Alemania cree que no es conveniente poner límites artificiales a las balanzas por cuenta corriente, y el ministro de Finanzas japonés, Yoshihiko Noda, tildó la propuesta de poco realista. El debate está protagonizado por Estados Unidos y China, que se critican sus políticas de divisas, y países como Japón ya debieron intervenir para impedir una peligrosa apreciación de su moneda.
Hoy se pondrá a prueba la capacidad de consenso en un foro con economías dispares, y será el paso previo a la cumbre de presidentes que se realizará en Seúl el 11 y el 12 de noviembre. (NA)